El procesado y envasado de alimentos facilita que podamos almacenar y consumir alimentos de procedencia lejana o fuera de temporada sin riesgo para nuestra salud. Pero nada más lejos de la realidad, lo que en apariencia supone una gran ventaja es en la actualidad un peligro para una dieta saludable y para el medio ambiente.

No es imprescindible consumir productos fuera de temporada o de lejanos y exóticos países. Gracias a la privilegiada situación geográfica de nuestro territorio la oferta local de productos alimenticios de temporada y proximidad es la mejor y más variada del mundo occidental, la llaman “dieta mediterránea”.

En el periodo Neolítico, con los asentamientos en poblaciones y la aparición de la agrigultura surgió la necesidad de investigar diferentes procesos para preservar de la descomposición los excedentes de las cosechas, sobre todo la carne y el pescado que no se consumía en un corto plazo de tiempo. Durante siglos se desarrollaron procesos, aún vigentes hoy en día que, sin ser agresivos, cumplen con la función de conservación de los alimentos y mantienen un equilibrio sostenible con el entorno natural.

Desde principios del siglo XX la industria alimentaria, apoyándose en los avances químicos y tecnológicos y con la única finalidad de obtener el mayor beneficio en el mínimo plazo de tiempo posible, está cambiando las reglas del juego. Lo llaman economía global.

A través de insistentes y seductoras campañas de publicidad nos han convencido de que lo mejor para nuestra felicidad es dejar de alimentarnos con productos locales y de temporada para consumir alimentos procesados, cultivados en cualquier época del año y en cualquier lugar del planeta y modificados genéticamente, entre otros fines, para que tengan un buen aspecto en el momento de ser adquiridos en comercios o supermercados controlados por grandes empresas, todo en detrimento del pequeño comercio de proximidad.

Turrones Ramos es un diseño de El Gos Pigall